Cuando el camino se hace largo: también el desánimo forma parte del propósito.
Hay momentos en la vida en los que el trabajo parece interminable.
Días en los que miramos todo lo que falta por hacer y nos preguntamos: ¿realmente vale la pena?, ¿esto que estoy haciendo forma parte de mi propósito o simplemente es un capricho mío?, ¿será este verdaderamente el camino que Dios quiere para mí?
Y aunque muchas veces nos cuesta reconocerlo, sentirnos así es humano.
El desánimo aparece. El cuerpo se cansa. Las fuerzas disminuyen. El reloj parece avanzar a paso de tortuga y aquello que un día comenzamos con entusiasmo puede convertirse, temporalmente, en una jornada que parece no terminar.
Hoy queremos hablar precisamente de esos días.
Cuando servir también cansa
En FUNDACORAZON conocemos muy bien el significado de servir con amor.
Durante años hemos trabajado con nuestros niños, familias y comunidad. Hemos visto sonrisas, necesidades, dificultades, aprendizajes y también pequeños milagros que nos recuerdan por qué comenzamos.
Pero actualmente estamos atravesando una etapa diferente.
El proceso de construir y acondicionar una nueva sede ha traído esperanza, pero también muchísimo trabajo. Hay cosas que reparar, organizar, construir y resolver. Hay recursos que todavía necesitamos conseguir y situaciones que no siempre dependen de nosotros.
Y en medio de todo esto están nuestras maestras.
Mujeres que sirven, trabajan, ayudan, organizan y continúan colocando sus manos en esta obra.
Pero ellas también se cansan.
También existen días en los que las fuerzas parecen desaparecer.
Y reconocerlo no disminuye su compromiso.
El cansancio no significa falta de amor.
El desánimo no significa falta de fe.
Y necesitar detenernos un momento no significa abandonar nuestro propósito.
Nos enseñaron a esconder lo que sentimos
Durante mucho tiempo muchos crecimos pensando que expresar nuestras emociones era una señal de debilidad.
“Si digo que estoy cansada, pensarán que no puedo”.
“Si digo que tengo miedo, quizás los demás pierdan confianza en mí”.
“Si digo que estoy desanimada, parecerá que me estoy quejando”.
Entonces comenzamos a guardar.
Guardamos el cansancio.
Guardamos las dudas.
Guardamos la frustración.
Guardamos el miedo.
Hasta que nuestra mente se llena de pensamientos y limitaciones que muchas veces ni siquiera sabemos que existen.
Y aquí aparece una diferencia importante:
expresar una emoción no es lo mismo que vivir desde la queja.
Podemos decir:
“Hoy estoy cansada”.
“Hoy necesito ayuda”.
“Hoy no tengo las mismas fuerzas”.
“Hoy necesito recordar por qué comenzamos”.
Reconocer una emoción nos permite observarla. Reprimirla simplemente hace que permanezca escondida.
Las creencias que no sabemos que tenemos
Recientemente, escuchando al Dr. Mario Alonso Puig, una reflexión llamó especialmente mi atención: muchas veces resulta difícil transformar nuestras creencias limitantes porque ni siquiera sabemos que existen.
Las hemos repetido durante tanto tiempo que dejamos de reconocerlas como creencias y comenzamos a tratarlas como verdades.
“No puedo”.
“Esto nunca va a terminar”.
“Todo depende de mí”.
“Si descanso, estoy fallando”.
“Si pido ayuda, significa que no soy suficientemente fuerte”.
Y entonces llega un día difícil y nuestra mente automáticamente vuelve a esos pensamientos conocidos.
Aquí la neuroplasticidad nos recuerda algo extraordinario: nuestro cerebro tiene capacidad de aprender y construir nuevas maneras de responder.
No significa negar lo que sentimos ni repetir frases positivas mientras estamos agotados.
Significa aprender a detenernos y observar:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué pensamiento apareció junto con esta emoción?
¿Ese pensamiento es realmente una verdad o es una creencia que he repetido durante años?
Y finalmente:
¿Qué pensamiento quiero comenzar a construir en su lugar?
Tal vez hoy no necesitas terminar el camino
Hay días en los que queremos solucionar todo.
Queremos terminar la sede.
Conseguir los recursos.
Resolver los problemas.
Atender a los niños.
Ayudar a las familias.
Cumplir nuestras responsabilidades personales.
Y hacerlo todo al mismo tiempo.
Pero quizás la pregunta para esos días no sea:
“¿Cómo voy a terminar todo esto?”
Quizás sea:
“¿Cuál es el paso que puedo dar hoy?”
Porque los grandes propósitos rara vez se construyen en un solo día.
Se construyen colocando un bloque.
Después otro.
Y después otro.
Con personas diferentes.
Con manos diferentes.
Con momentos de entusiasmo y también con momentos de cansancio.
¿Y si comienzo a dudar de mi propósito?
También puede suceder.
Podemos preguntarnos:
“Dios, ¿realmente esto viene de ti?”
Y quizás hemos pensado que tener esa pregunta significa que nuestra fe está debilitándose.
Pero también podemos convertirla en una oportunidad para volver al origen.
¿Por qué comenzamos?
¿A quién estamos sirviendo?
¿Qué frutos hemos visto?
¿Cuántas vidas han pasado por este lugar?
¿Cuántos niños han recibido amor?
¿Cuántas familias encontraron una mano extendida cuando la necesitaron?
Entonces comprendemos algo:
un día difícil no puede convertirse en la medida de todo nuestro camino.
A nuestras maestras de FUNDACORAZON
Hoy queremos decirles algo.
Está bien sentirse cansadas.
Está bien reconocer que hay días difíciles.
Está bien necesitar ayuda.
Está bien detenerse un momento y recuperar fuerzas.
No tienen que demostrar fortaleza todos los días.
Porque FUNDACORAZON nunca ha sido construido por una sola persona.
Ha sido construido por muchas manos.
Por maestras.
Por familias.
Por colaboradores.
Por personas que han llegado inesperadamente.
Por quienes han dado materiales.
Por quienes han trabajado.
Por quienes han acompañado.
Por quienes han orado.
Y por quienes todavía llegarán.
La sede que hoy vemos llena de trabajo algún día estará llena nuevamente de voces, aprendizajes, juegos y sueños.
Entonces posiblemente miraremos hacia atrás y recordaremos estos días.
Los días largos.
Los días de cansancio.
Los días en los que parecía que faltaba demasiado.
Y comprenderemos que también ellos formaron parte de la historia.
Porque algunas veces la fe se siente como una fuerza extraordinaria.
Pero otras veces la fe simplemente dice:
“Hoy estoy cansada, pero todavía creo.”
Y quizás, por hoy, eso sea suficiente.
FUNDACORAZON continúa en movimiento. No porque nunca nos cansemos, sino porque incluso cuando las fuerzas disminuyen, seguimos encontrando razones, manos y esperanza para continuar.

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