FUNDACORAZÓN: Diez Años de Fe, Servicio y Esperanza
Al acercarse agosto, un mes muy especial para FUNDACORAZÓN, he comenzado a pensar en todo lo que ha significado este camino.
Este año nuestra fundación cumple diez años y, hace apenas unos días, mi mamá me dijo algo que se quedó dando vueltas en mi mente:
"Deberías escribir la historia de FUNDACORAZÓN."
Motivada por sus palabras, comencé a buscar archivos antiguos, correos electrónicos, fotografías y publicaciones olvidadas en las redes sociales.
Y parece mentira, pero cada vez que encuentro una fotografía, leo un correo o recuerdo alguno de aquellos primeros días, mis ojos se llenan de lágrimas y mi corazón de nostalgia.
Me siento pequeña.
Me siento como ese grano de arena que apenas parece notarse.
Me siento como la semilla de mostaza de la que habla la Biblia, pequeña al principio, pero que con el tiempo crece mucho más de lo que imaginábamos.
Por eso hoy quiero compartir con ustedes parte de esta historia. No para hablar de logros ni para enumerar proyectos, sino para recordar la fidelidad de Dios durante estos años.
Porque FUNDACORAZÓN no nació simplemente de una idea humana.
FUNDACORAZÓN nació primero en el corazón de Dios.
La semilla fue sembrada en abril de 2016. Recuerdo cuando la hermana Lidia Klava visitó la Primera Iglesia Bautista de Barquisimeto y presentó el programa PEPE, una iniciativa educativa dirigida a niños en edad preescolar. Quizás para muchos era simplemente un proyecto educativo. Para nosotros era una oportunidad para servir. Era una oportunidad para sembrar esperanza en medio de tiempos difíciles.
Meses después, en septiembre de 2016, iniciamos las inscripciones y la comunidad respondió. Aún me emociona recordar cómo mujeres con jornadas laborales completas, responsabilidades familiares y múltiples ocupaciones decidieron regalar algo que vale más que cualquier recurso económico: su tiempo. Preparaban clases, diseñaban actividades, buscaban estrategias para motivar a los niños, invertían recursos propios y lo hacían con amor.
Aquellas mujeres no eran solamente maestras.
Eran maestras-misioneras.
Recuerdo haber escrito al finalizar aquel primer año escolar unas palabras que todavía hoy resumen perfectamente lo que vivimos:
"Hemos visto a Dios actuar en nuestras familias. Hemos recibido ayuda de donde menos lo imaginábamos. Hemos visto a Dios enviar a las personas correctas en los momentos de debilidad y duda para brindarnos fortaleza y continuar."
Y era verdad.
La Dirección de Salud de Primer Nivel apoyó la formación de nuestras maestras. La Convención Nacional Bautista de Venezuela acompañó el proyecto. La UCLA permitió que esta iniciativa formara parte de sus proyectos de extensión. Diversas organizaciones se sumaron con jornadas de salud y apoyo comunitario. Pero, sobre todo, vimos a Dios mover corazones.
Durante el año escolar 2016-2017 atendimos a 14 niños. Solo catorce. Pero hoy entiendo que nunca fueron solamente catorce. Eran catorce vidas, catorce familias, catorce oportunidades para sembrar valores, conocimiento y esperanza.
En julio de 2017 celebramos la graduación del Primer Corte PEPE IBMDP. Aquel día, mientras observábamos a los niños culminar una etapa importante de sus vidas, comprendimos que el verdadero impacto no se mide únicamente en números. Detrás de cada niño había una historia. Detrás de cada familia había sueños, luchas y esperanzas.
Mientras el proyecto crecía, también crecía la necesidad de contar con una organización que permitiera ampliar el alcance del trabajo que se estaba realizando. Así nació formalmente FUNDACORAZÓN. No como una institución creada para administrar proyectos, sino como una herramienta para servir mejor.
Desde el principio entendimos que el cambio verdadero no ocurre únicamente cuando se entregan recursos. El cambio ocurre cuando se transforman vidas. Y las vidas se transforman cuando alguien decide caminar junto a ellas.
Con el paso de los años aprendimos algo muy importante. Los números cuentan historias, pero no cuentan toda la historia.
Recientemente, Rosana compartía una experiencia que resume perfectamente el propósito de nuestro trabajo. Después de impartir talleres de prevención y protección infantil, una madre la llamó para agradecerle. Su hijo pequeño le había contado que otro niño intentó besarlo en la boca en la escuela. Gracias a lo aprendido en los talleres, el niño identificó que algo no estaba bien, acudió sin temor a su maestra y pudo recibir orientación y apoyo.
La madre estaba profundamente agradecida.
Ese día recordamos una vez más que nuestro trabajo va mucho más allá de impartir talleres o desarrollar programas educativos. Va mucho más allá de las estadísticas.
Porque detrás de cada niño hay una historia.
Detrás de cada familia hay una necesidad.
Detrás de cada comunidad hay una oportunidad para sembrar esperanza.
En una conversación reciente, Rosana dijo algo que me hizo reflexionar profundamente:
"No son solo treinta niños. Son treinta niños cuyas vidas han sido impactadas. Son treinta niños que, a pesar de su entorno, están aprendiendo a reconocer el valor que tienen como personas."
Y eso cambia completamente la perspectiva.
Hoy, mientras reviso correos electrónicos del año 2016, fotografías de graduaciones, publicaciones olvidadas en Facebook y documentos que cuentan los primeros pasos de esta organización, siento una profunda gratitud.
Veo nombres.
Veo rostros.
Veo historias.
Veo voluntarios.
Veo maestros.
Veo familias.
Veo aliados.
Y veo la mano de Dios sosteniendo cada paso de este camino.
Han sido años de desafíos. Años de incertidumbre. Años en los que muchas veces no sabíamos cómo continuar. Pero también han sido años de provisión, aprendizaje, crecimiento y transformación.
Cuando comenzó este sueño, veíamos pocos niños, pocos recursos y pocas posibilidades. Diez años después entendemos que Dios nunca nos pidió resultados grandes. Nos pidió ser fieles con las semillas que puso en nuestras manos.
Y Él se encargó del crecimiento.
Al acercarse agosto y los diez años de FUNDACORAZÓN, miro hacia atrás y comprendo que esta historia nunca ha sido acerca de una fundación.
Ha sido la historia de personas comunes que decidieron decir sí cuando Dios las llamó a servir.
La historia de maestras-misioneras que entregaron su tiempo.
De familias que confiaron en nosotros.
De niños que nos enseñaron que cada vida vale la pena.
Y de un Dios que, aun en medio de las dificultades, nunca dejó de abrir camino.
Por eso hoy solo puedo decir con gratitud:
Hasta aquí nos ha ayudado Dios.
Y si es Su voluntad, seguiremos sembrando esperanza, formando vidas y sirviendo de corazón a corazón.
Porque la historia de FUNDACORAZÓN todavía continúa.
Y las mejores páginas quizá aún están por escribirse.
Si has formado parte de la historia de FUNDACORAZÓN como voluntario, aliado, docente, representante, estudiante o beneficiario, te invitamos a compartir tus recuerdos y testimonios. Cada historia cuenta. Cada vida importa. Y juntos seguimos construyendo una historia de transformación de corazón a corazón.
También te invitamos a conocer más sobre nuestros programas, proyectos e iniciativas visitando nuestra página web:
Allí podrás descubrir cómo seguimos trabajando para promover la educación, el desarrollo comunitario, la formación en valores y la esperanza en las comunidades que servimos.
Porque después de diez años, seguimos creyendo que los cambios duraderos ocurren cuando las personas se unen para aprender, servir y transformar vidas.
Gracias por ser parte de esta historia.
Diez años después seguimos convencidos de que una semilla sembrada con amor puede transformar generaciones enteras.

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