El Poder de Estar Aquí: Descubriendo Oportunidades en Cada Momento.
¡Hola, mis queridos lectores!
Nuevos proyectos, nuevos objetivos, nuevos planes, nuevos aprendizajes; ese debe ser “nuestro pan diario”. Nuestra mente es un hermoso regalo que Dios nos ha dado para crecer en conocimiento. Cada vez que veo todos los avances que la humanidad ha logrado, me doy cuenta de ello. Tal vez pienses que, en muchas ocasiones, estos avances han sido para destruir, pero en muchas otras han sido para progresar. ¿En qué has trabajado tú para crecer y para saber más mañana que hoy? A veces me frustra sentir que no avanzo o que no aprendo tan rápido como esperaba, y me pregunto por qué. Trato de utilizar todas las herramientas tecnológicas que me permiten aprender más rápido, buscar contenidos con mayor rapidez, realizar correcciones ortográficas e incluso hacer planes de estudio con la inteligencia artificial, pedir sugerencias, verificar y leer. Pero todo debe partir de un primer paso, y si ese paso no se da, pocas cosas pueden llegar.
Tal vez vamos por la vida con la esperanza de que Dios nos ayude, pero ¿qué estás haciendo tú? Dios nos ha dado todo cuanto tenemos en este mundo, todos los recursos. ¿Cómo los usamos? Eso depende de nosotros. Esto me lleva a preguntarme: ¿cuáles son mis talentos? ¿Cuál es el talento que Dios me ha dado? ¿Lo estoy desarrollando? Sabes, cada vez entiendo más la Parábola de los Talentos que narra la Biblia.
La Parábola de los Talentos cuenta la historia de un hombre que, antes de viajar, confió a sus siervos una cantidad de talentos (una moneda de la época), a cada uno según su capacidad. Al regresar, pidió cuentas de lo que habían hecho con ellos. El siervo que había recibido cinco talentos negoció con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos también hizo lo mismo y ganó otros dos. Pero el que recibió uno lo escondió por miedo, y al final, lo devolvió sin ninguna ganancia. El hombre alabó a los dos primeros por su diligencia y les confió aún más. Al último, lo reprendió por su falta de acción. Esta parábola nos enseña que debemos utilizar y multiplicar los dones y talentos que se nos han dado, no dejarlos sin uso, no permitir que el miedo sea mayor que nuestro talento.
¿Para qué eres bueno? Yo considero que soy bueno para enseñar. Me gusta enseñar todo lo que aprendo. Me encanta ver la cara de satisfacción cuando explico algo y sé que me han entendido y la persona lo aplica. Me gusta aprender, me gusta compartir, me gusta darle el valor que le corresponde al aprendizaje. Me veo en el futuro como mi papá, que siempre está leyendo y escribiendo, que cada vez perfecciona más sus conocimientos. Así me veo yo. ¿Cómo te ves tú?
Y bueno, como plus, quiero que ese talento también me genere beneficios económicos, por eso siempre estoy en busca de nuevos emprendimientos. Recuerda, la perseverancia vence el fracaso, así que sigamos adelante. Podemos caer, pero no debemos permanecer en el suelo ni en el mismo lugar. Si no nos podemos levantar, nos arrastramos, pero avanzamos.
Somos las personas correctas, en el momento correcto en el lugar adecuado.
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