Hábitos y Metas: Transformando Señales en Cambios. (Parte 2)
En la entrega anterior, exploramos el ciclo de los hábitos y cómo podemos cambiarlos. Profundicemos más en este ciclo, comenzando con las señales que nuestro cuerpo y entorno nos envían sobre los hábitos que deben ser modificados. Por ejemplo, hace aproximadamente un año, mi cuerpo me envió una señal con un dolor en el cuello y la espalda. Pasaba mucho tiempo sentada en el trabajo y hacía muy poco ejercicio, lo cual fue una clara indicación de que necesitaba cambiar mi rutina.
Decidí inscribirme en un gimnasio e iniciar una rutina de ejercicio. Al principio, me sentía un poco avergonzada y me costaba adaptarme, especialmente al unirme a una clase de yoga. Observaba a señoras mayores realizar los ejercicios con tanta facilidad que pensaba: "Oh Dios, estoy en problemas". Sin embargo, casi un año después, al introducir gradualmente los ejercicios, puedo decir con orgullo que ya puedo tocar la punta de mis pies. Esta mejora en mi flexibilidad es una recompensa que me motiva a seguir mejorando.
La clave está en prestar atención a las señales que nuestro cuerpo y entorno nos envían. Identificar esas señales nos brinda la oportunidad de realizar ajustes y trabajar hacia hábitos más saludables. ¿Cuáles son las señales que estás recibiendo en tu vida? Observar y responder a esas señales puede ser el primer paso para realizar cambios significativos en tus hábitos. ¡Anímate a escuchar a tu cuerpo y darle la atención que merece!
En su libro "Hábitos Atómicos", James menciona que debemos cambiar nuestra percepción del entorno, dejando de verlo como un lugar lleno de objetos y comenzando a considerarlo como un espacio de relaciones. Esto implica asignar un lugar específico para cada cosa, ya sea una pequeña mesa para escribir o un sillón para leer. Lo mismo aplica a la organización de archivos en nuestros dispositivos. Personalmente, amo mi Google Drive. Antes, simplemente guardaba archivos sin orden, y cuando necesitaba buscarlos, era un proceso tedioso. Un día, me dije a mí misma: "Raquel, esto es desorganización". Invertí una tarde en clasificar todo en sus carpetas correspondientes, incluso les asigné colores. La recompensa fue notar que ahora empleó menos tiempo al buscar un documento.
La idea central es que debemos aprender a interpretar las señales que nuestro entorno y nuestro cuerpo nos proporcionan. Si queremos cambiar un hábito, es crucial estar atentos a estas señales. Es un recordatorio de la importancia de la organización y la atención a los detalles para facilitar nuestras rutinas diarias.
Las señales internas pueden reflejar nuestro estado de ánimo, cómo nos sentimos al despertarnos y la forma en que nos expresamos al hablar. ¿Somos personas que inspiran a seguir adelante o que incitan a detenerse? Estos detalles son importantes para observar, incluso la elección de nuestro vocabulario. Mi padre nos enseñó a cuidar nuestras palabras y a evitar la queja en nuestras expresiones. Realmente agradezco a Dios por la enseñanza de mi padre, quien nos inculcó este cuidado al comunicarnos.
Algunas señales externas que podemos comenzar a observar incluyen cómo arreglamos nuestra cama al levantarnos, el estado de nuestra habitación, si nuestra casa está ordenada o desordenada, y la organización de nuestro closet. Estos detalles pueden indicarnos aspectos que podríamos estar pasando por alto.
Antes de sumergirnos en la rutina diaria o dar una respuesta automática, es crucial reflexionar sobre lo que nos motiva y qué queremos cambiar en nuestras vidas. ¿Cuáles son los anhelos de nuestro corazón? Imaginemos dónde nos vemos en seis meses, un año: ¿en qué trabajo, en qué casa, cómo nos visualizamos a nosotros mismos? Estos serán los indicadores que nos impulsarán hacia el cambio, ya que sin anhelo, no puede haber transformación. Lo que realmente anhelamos no es el hábito en sí, sino el cambio de estado que este produce.
Busquemos nuestras señales a través de la Observación.
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